Mi relación con la IA (III)
El momento de la verdad llegó cuando metí la mano en la masa: la IA en Photoshop. Como profesional de la fotografía e-commerce, el retoque es mi pan de cada día, pero esto era otro nivel. Me apunté a un curso de IA aplicada porque, seamos sinceros, no quería ser el típico dinosaurio que se queja de que «antes todo era mejor». Empecé a probar el Generative Fill para arreglar movidas en los catálogos de calzado y, qué quieres que te diga, me quedé loco.
Pero aquí viene la gracia: la sensación de estar apabullado es constante. Hice el curso, probé mil cosas, y justo cuando creía que controlaba el tema, ¡pum!, salen diez herramientas nuevas que lo hacen mejor. Es como intentar vaciar el mar con un cubo de playa. En el mundo de la fotografía en Madrid, si parpadeas, te pierdes tres revoluciones industriales. Siempre tengo esa sensación de que mientras aprendo una cosa, el mundo ya va por la siguiente versión. Es agotador, pero oye, cuando ves cómo la IA te salva una foto de producto que estaba perdida, se te pasa un poco el disgusto.
