Mi relación con la IA (II)
Tras el susto de esa primera noche, empecé a investigar. Lo que comenzó como un «tengo que saber qué es esto para que no me mate» se convirtió en un proceso de aprendizaje continuo bastante loco. Sentía una mezcla de emoción y miedo que no sabía ni cómo gestionar. Por un lado, flipaba con las nuevas herramientas de IA; por otro, me entraba una mala leche increíble al ver lo fácil que parecía todo. «Joder, ¿tanto tiempo aprendiendo a iluminar para que ahora esto lo haga un prompt?», pensaba yo.
Aprender a usar la Inteligencia Artificial siendo fotógrafo de moda es una puta montaña rusa. Un día te sientes un dios tecnológico porque has generado un fondo increíble para un catálogo de calzado, y al día siguiente te sientes un analfabeto funcional porque ha salido una actualización nueva que no entiendes. En esta etapa de mi relación con la tecnología, entendí que el flujo de trabajo fotográfico en Madrid estaba mutando. La emoción de ver lo que puedes lograr se mezcla con ese sudor frío de pensar que esto no tiene techo. Es acojonante y emocionante a partes iguales.
