El insomnio del fotógrafo

Mi relación con la IA (I)

La primera vez que vi de lo que era capaz la Inteligencia Artificial generativa con una imagen de moda, no es que no durmiera, es que me quedé mirando al techo con cara de haber visto un fantasma. Literalmente, pasé la noche en vela procesando la magnitud de la tragedia. Mi primer pensamiento fue el más humano, egoísta y directo del mundo: «Me voy al paro. Se acabó». Como fotógrafo en Madrid, donde nos pegamos por cada proyecto, sentir que un algoritmo podía hacer en diez segundos lo que a mí me cuesta una jornada entera de luces, trípodes y café frío, me dejó hundido.

Daba por hecho que me quedaba sin trabajo. Pensé: «¿Para qué va a querer una marca de e-commerce contratarme para sus catálogos si una máquina puede inventarse a la modelo y las sandalias?». Fue una noche de mierda, sinceramente. Esa sensación de que años de técnica en fotografía se iban por el retrete es algo que no le deseo a nadie. Pero bueno, tras el drama inicial y el tercer café de la mañana, entendí que o me subía al carro o me pasaban por encima. El miedo al futuro del trabajo es muy real cuando vives de tu cámara, pero quedarse quieto es todavía peor.